No podía hablar, pero cantó a voz en cuello

Antonio Araníbar Quiroga fue un íntegro apóstol de la política y un mártir de la democracia que soportó con dignidad décadas de exilio. El recuerdo personal de la austeridad de su vida privada, de la colaboración profesional y del impacto de verlo cantar el himno nacional, pese a sus limitaciones físicas al final de su vida, resalta una figura pública admirable que deja una huella imborrable en la historia de Bolivia.