Esta semana, el Satélite de la Luna le hace un guiño a la obra maestra de Plutarco.
Para quienes no estén familiarizados con ellos, Mario Argollo es el actual secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), la confederación sindical que aglutina a mineros, fabriles y maestros. Donald John Trump, por su parte, 47.º presidente de los Estados Unidos, es quizá la personalidad más polarizante de este siglo.
Argollo compite con el vicepresidente Edman Lara para el personaje más cuestionado hoy en Bolivia: ha liderado un conflicto contra un gobierno democrático castigando severamente al pueblo boliviano —aquel al que dice representar— durante siete semanas. De manera simultánea, Trump sostiene una guerra no declarada contra la República Islámica de Irán, un pulso geopolítico que ha golpeado duramente a una población que ya era víctima de la represión interna de su propio régimen.
Las motivaciones de ambos para «ir a la guerra» guardan similitudes inquietantes: buscan forzar un cambio de gobierno y frenar el desarrollo de lo que ellos consideran «armas destructivas». En el caso de Irán, se trata de la amenaza nuclear de un régimen teocrático; en el caso de Bolivia, la COB busca frenar el cambio de un modelo económico que, tras 20 años de gestión populista, ha derivado en una crisis estructural.
En sus respectivas ofensivas, ambos líderes cargan con aliados incómodos de los que intentan, en vano, distanciarse. Trump tiene a su lado al controvertido primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu; Argollo se ve vinculado a Evo Morales, exmandatario prófugo de la justicia por trata de menores y líder de los cocaleros del Trópico cochabambino, zona epicentro de la producción de materia prima para el narcotráfico.
Cada uno maniobra con sus propios aliados y adversarios. Trump cuenta con el respaldo de las monarquías del Golfo frente a la oposición de Rusia y China. Argollo, por su parte, recibe el apoyo de la llamada “izquierda caviar”, desconectada de la realidad y ahora huérfana de la valiosísima “joya” de Zapatero, mientras enfrenta el rechazo internacional del “Escudo de las Américas” (una alianza continental en contra del crimen organizado).
Una característica común en ambos conflictos es el uso del bloqueo como arma política. Trump, además de las incursiones militares y la «neutralización» (¡Vaya eufemismo!) de figuras clave, ha asfixiado la economía iraní mediante sanciones y el contra-bloqueo marítimo del estrecho de Ormuz, arteria vital para el comercio de hidrocarburos. El argumento es el mismo: presionar al régimen castigando, paradójicamente, al pueblo al que dicen querer «liberar».
De igual forma, Argollo ha avalado actos vandálicos y ha cerrado, de manera implacable, las carreteras bolivianas, en alianza con sindicatos agrarios indigenistas. Su estrategia ha sido asfixiar a los centros urbanos —privando a la población de alimentos, medicinas y combustible— bajo el supuesto de una lucha social. Sus «estrechos de Ormuz» han sido puntos estratégicos de las principales carreteras nacionales, como Senkata, Río Seco, Caracollo, Parotani, San Julián y el Chapare. Es la triste ironía de un país que exige más y mejores carreteras para luego destruirlas, y que reclama por la escasez y la calidad de combustibles mientras mantiene cientos de cisternas varadas al sol, con el riesgo real de degradar la gasolina que el país tanto necesita.
Ante la resistencia imprevista de la milicia iraní y del pueblo boliviano, Trump y Argollo parecen buscar, ahora, desesperadamente, una salida negociada. Intentan salvar sus cabezas políticas, tras haber fracasado, estrepitosamente, en los objetivos que se trazaron al comenzar sus respectivos conflictos.
Realmente, ambos personajes nefastos y destructivos , sintiéndose dioses que solo representan a sus
Propios intereses y apetitos enfermos … nos queda un buen tiempo de Trump, ojalá que Argollo desaparezca tras este fracaso
Analogía muy precisa sin mirar al cerco que realizaron Tomás a pasa y Bartolina sisa en la era colonial de nuestro país y como resultado a Tomás (ema?) lo descuartizaron con cuatro caballos y a Bartolina sisa (argollo) le aplicaron una muerte cruel. Esperamos que la justicia en Bolivia aplique en forma simbólica estas sanciones con la muerte política de estos nefastos líderes
El pueblo boliviano y el pueblo iraní, son las víctimas de líderes irresponsables e indolentes. Los pueblos no tienen mecanismos efectivos de deshacerse de los sátrapas.
Ni tanta analogia: 1) El autor reduce la geopolítica a una concepción de “asfixia de flujos”. La diferencia es grave, el Estrecho de Ormuz es una válvula energética global: genera poder extractivo, peajes de millardos de dólares y altera el flujo mundial de crudo. En contraste, los bloqueos en Senkata o Parotani son cortocircuitos logísticos internos. Estos no capturan energía externa; solo destruyen la gasolina importada por el propio erario nacional. Es una estrategia autodestructiva, no un mecanismo de acumulación de capital.
2) Por otro lado, la evaluación de daños falla al considerar cómo se resuelven ambos conflictos. Mientras la resolución con Irán abre un pipeline financiero de cientos de miles de millones de dólares en activos liberados y fondos de los reinos del Golfo, el acuerdo gremial de la COB con el gobierno no inyectará un solo boliviano a las arcas nacionales. El autor confunde la supervivencia política de un dirigente corporativo/local con el reposicionamiento macroeconómico-geopolítico de un Estado soberano. Dos universos ni siquiera paralelos.
3) La falacia de las “parejas de aliados” insiste en una analogía inexistente. FZ construye equivalencias forzadas que ignoran la verdadera escala institucional. Entra a equiparar el eje militar de superpotencia de Israel —respaldado incondicionalmente por el Congreso de EE. UU. y su masivo complejo militar— con un expresidente cercado judicial y políticamente en el Chapare.
4) Capital real vs. retórica hueca y yesca: el autor compara el poder financiero de los millardarios fondos soberanos árabes con el peso pluma residual de opinólogos o comunicados en Twitter.
En fín, la analogía se desvia y pierde su brújula en una dimensión teórico-sistémica. El blog ignora que las guerras internacionales se liquidan con millardos de dólares y las disputas sindicales locales terminan en actas de compromiso sin dientes ni fondos. En el intento, el blog se asemeja más a un ejercicio teórico y retórico de física creativa que fuerza equiparaciones altamente especulativas. Aun así, vale la pena leer esta nota por su originalidad.
Interesante análisis estimado Francesco, en relación a las intenciones y el carácter de ambos sujetos, yo diría narcisistas y egocéntricos jajajaj, pero hubiera sido bueno anotar las diferencias también. Quiérase o no, Trump fue elegido por los norteamericanos en las urnas, mientras que Argollo cree representar a los bolivianos y ni como candidato a una urna llegó en su vida. Lo evidentemente peligroso son esas personas, que con formación o no, con experiencia o no, con valores o no, con verdadero poder o no, ansían en sus vidas…. SER PODEROSOS!!!!
Muy interesante